Los últimos acontecimientos ocurridos en Francia durante el mes de octubre puso en la palestra la creciente expansión islámica que hay en el continente europeo.
Dicha expansión consta de árabes y magrebíes (africanos subsaharianos) que migraron desde 1960 ofreciéndose como fuerza laboral.
En un principio esto se realizaba de manera temporal (regresaban a sus países intermitentemente), pero luego pasaron a construir asentamientos permanentes en donde prevalecía la unificación familiar.
En un principio, en la Europa floreciente fueron acogidos como mano de obra barata, para desempeñarse en trabajos que no realizaban los nativos, ofreciendo una solución a problemas a un costo relativo.
Con las primeras generaciones de inmigrantes, el viejo continente mostraba un marco de contención y era el destino por elección de todos los africanos y árabes.
El problema surgió en las siguientes décadas, en donde los hijos de estos inmigrantes no eran reconocidos ni absorbidos por la sociedad francesa, subyaciendo un sesgo discriminatorio en lo que respecta al acceso a educación, salud y trabajo.
Si bien Francia ha implementado la Ley contra el separatismo para combatir la influencia foránea en las mezquitas u otro tipo de culto, controlando la educación en la casa, entre otras medidas, los hijos de aquellos inmigrantes que llegaron en los 60 (tercera generación hoy) se enfrentan con la desigualdad social y la marginación.
Estos afroárabes que permanecen en sus ciudades de origen construyeron verdaderos guetos en donde en el país galo se puede observar la separación entre las dos Europas.
Diferentes códigos, dialectos, rasgos y color distinguen la identidad de sus habitantes. El no sentirse reconocidos e integrados reforzó la muralla invisible que los separaba cada vez más y, de alguna manera, estos actores participaron de manera activa en el fogoneo de los eventos del reciente octubre.
FRANCIA
En el país de los perfumes y del pâté au canard, el concepto de separatismo islámico se refiere a movimientos que buscan imponer formas de la religión o normas culturales por encima de las leyes republicanas francesas, en donde el lema de “liberté, égalité et fraternité” pasarían a ser un lema olvidado en el territorio galo, nada más lejos de la realidad.
Si bien las diferencias existen, el telón de fondo sigue siendo la República en todo su concepto.
Ciudades centrales como París, en el Département 93, Saint-Denis, Bobigny y Gennevilliers son unas de las zonas de mayor concentración musulmana y cuentan con algunos problemas de exclusión social y económica.
Marseille es en donde la población musulmana llega a una cifra cercana del 50 % (Quartiers Nord y La Castellane). Estas son las ciudades donde se registran el mayor grado de pobreza, donde el desempleo, mal que vive Francia desde hace décadas para todos sus habitantes, se acentúa más. Lyon y Nice también repiten el mismo patrón.
La radicalización de los discursos separatistas en estas tierras, les banlieues, crecen pero de una manera silenciosa, a puerta cerrada y no se considera una real amenaza. Pero sí, en las nuevas generaciones se fortalecen los vínculos y profundizan cada vez más su necesidad de identificación con el otro.
Como contrapartida, la policía francesa realiza periódicamente controles a fin de identificar “separatismo radical” (término utilizado a discursos extremistas que buscan crear comunidades paralelas con leyes ajenas a la República).
Dicho relevamiento se realiza a través de una sumatoria de inteligencia antiterrorista, herramientas administrativas punitivas y despliegue policial de orden público.
Sin embargo, el mayor desafío que puso sobre el tapete el último mes de octubre la frustración ante las redes sociales utilizadas por jóvenes, en donde el universo digital para Francia, al igual que el resto del mundo, es una caja de Pandora en la actualidad, en donde aún no se puede tener control alguno.
ESPAÑA
En el país de la paella y corridas de toros, la comunidad se dispersa entre la población nativa, notando la ausencia de verdaderas ciudades o guetos de origen musulmán, especialmente marroquí.
Si bien esa dispersión no implica una total integración, la convivencia es más fluida y aceptada.
El uso de velo es opcional, no impuesto en el ámbito social como en los guetos de Francia, lo cual da la impresión que las nuevas generaciones se asimilan a la sociedad europea.
Cataluña es la ciudad con mayor población islámica en España.
Asimismo, Barcelona registra una presencia muy significativa de inmigración de origen marroquí, sin olvidar que Murcia concentra la mayor fuerza laboral de trabajadores norafricanos.
Sin embargo, fuera del viejo continente, pero no menos europeo, podemos mencionar ciudades en donde casi la totalidad de habitantes son de origen musulmán. Una de estas es Ceuta, que recientemente fue invadida por jóvenes marroquíes dando un mensaje claro y amenazante a Europa.
Ceuta mostró humildemente su vulnerabilidad en el vasto continente africano. Además, su ciudad melliza Melilla muestra la falibilidad de su infraestructura, delincuencia y desempleo dentro de la juventud.
El control español de los movimientos extremistas en España se combina inteligencia interna, coordinación de cuerpos policiales y diversas tácticas de control de masas; fuera del episodio de Ceuta y de algunos grupos de ultraderecha que agitan el humor social, no hay indicios reales de amenazas en el país español.
INGLATERRA
Reino Unido cuenta con una población islámica concentrada en Londres en barrios obreros, logrando superar el 40 % de su población fabril.
En el norte de Inglaterra varias ciudades son de origen totalmente islámico, tales como Bradford, Oldham, Rochdale y Blackburn aplican el multiculturalismo.
Este concepto permite que cada comunidad étnica conserve sus tradiciones, vestimentas y tribunales (consejos de la sharía para lo civil y familiar, el cual no reemplaza a la ley inglesa).
Si bien este proceso ha contribuido a la aparición del concepto “parallel lives”, la comunidad musulmana van a colegios, comercios y centros sociales propios que resulta una separación invisible.
Si bien estas comunidades en su transversalidad han sido permeables a discursos extremistas, pero las agencias de seguridad británicas enfocan el problema desde una perspectiva de contraterrorismo comunitario.
Este es un sistema que abarca civiles, líderes locales, minorías y organizaciones vecinales que mitigan y previenen la radicalización violenta o ataques extremistas.
De allí surge una clase media profesional musulmana británica en ascenso y que participa activamente en política nacional, posicionando a sus representantes étnicos, lo cual desmitifica la idea del aislamiento y falta de articulación social con el país.
Las nuevas generaciones británico-musulmanas tienden a integrarse en la política nacional brindando un nuevo matiz en el tapiz político e incidiendo en la intencionalidad del voto.
Ahora, ¿cómo percibe este fenómeno islámico la población nativa europea?
La alarma está latente y por veces se transparenta en acentos en los discursos de políticos que agitan y toman cuerpo en una Europa cada vez más castigada por sus propios fantasmas de antiguas guerras y diferentes conquistas territoriales.
Con una base demográfica cada vez más envejecida, los nativos europeos ya deciden no tener hijos, o a lo sumo un único hijo. Uno de los factores fundamentales para esta restricción es la accesibilidad a la vivienda propia y las condiciones cada vez más endebles de tener un empleo digno.
Además, las actuales guerras y amenazas de nuevos escenarios beligerantes aumentan la incertidumbre en países que ya vienen sufriendo su propia decadencia por malas políticas, derroches o manejos espurios en sus economías.
Países como España, al igual que Francia, desde hace 30 años vienen con una crisis laboral cada vez más profunda en donde se acelera cada vez más la disolución de la familia tradicional.
¿Qué futuro le espera a Europa con este nuevo mapa?
La tasa demográfica de la mujer nativa europea, si bien es de 1,3 %, para las mujeres afro es de 2,8 y para las árabes es de 2,2 % (según las fuentes pueden oscilar unos décimos), lo que determina la nueva sociedad que se está gestando silenciosamente, sin contar con las corrientes migratorias latinas, asiáticas.
Si bien se señalaron los países más emblemáticos, Alemania también recibió una fuerte corriente árabe (siria, libanesa) que actualmente están en vías de integración en los últimos 10 años. Bélgica, Austria y otros países nórdicos viven la misma suerte.
El viejo continente muestra nuevos escenarios con riesgos latentes y cíclicos de atentados efectuados por lobos solitarios que pertenecen a células terroristas radicales, pero que en realidad hay todo un sistema de contención a nivel continente para reducir casi de manera automática la amenaza de un atentado.
La vía de infiltración hoy día, más que nunca son las redes, las cuales son utilizadas por dichas células para pescar en ese océano profundo y lleno de ambigüedades identitarias a adolescentes que reclutan de manera anónima, ya sea para que peleen físicamente en territorio islámico (países árabes) por una causa ajena a intereses europeístas pero muy propias del nacionalismo islámico radical. O, en su defecto, el hecho que los jóvenes puedan llevar a cabo hechos violentos de manera no prevista en suelo europeo.
Es por ese motivo que todos los países brindan desde los colegios programas de prevención e identificación temprana de potenciales víctimas de ideologías de extrema.
Este no tan nuevo escenario va creciendo inexorablemente, ante la preocupación prejuiciosa de muchos, y tiene una proyección para el año 2050.
Según las estadísticas, la población musulmana una de las comunidades que seguirá creciendo paulatinamente, aunque en un punto van a igualarse las tasas de natalidad con las de los habitantes nativos europeos.
Esto también repercutirá en nuevas oportunidades comerciales centradas en el mercado islámico global y doméstico (mercado halal, nuevos medios de entretenimiento, sistemas financieros árabes, etc.), transformando los hábitos de consumo, los servicios y el turismo dentro del continente europeo en general.
En la cocina de este nuevo pastel del 2050 seguramente Rusia y China también tendrán participación en este escenario. Ambos países tienen una legendaria vinculación con el mundo musulmán constituyéndose en grandes proveedores y socios financieros del actual Medio Oriente y, por ende, extenderán más aún sus relaciones con el mundo musulmán en este nuevo escenario europeo.